Ocasionalmente el jugador en exceso, vive dentro de una familia que pudiera presentar algún tipo de disfunción, que lo llevan a aislarse o intentar olvidar sus problemas a través del juego.

El primer paso para ayudar a un familiar que no controla sus deseos de jugar, es reconocer que al interior de la familia existe una causa que se debe madurar, asumir y resolver para luego ser el apoyo de quien no juga de manera responsable.

La firmeza con que planteen los objetivos y medidas a seguir al jugador, deben ir acompañadas con la comprensión de las reacciones que este pudiera presentar, poniéndose emocionalmente en su situación, mientras se ofrece el apoyo para encausarlo a jugar con responsabilidad.